Un hombre sólo ante la historia del mundo. El hombre se ve bicho delante de su memoria. Inventa la reconstrucción de la ciudad devastada. De los escombros de la memoria desfasada y del polvo de los restos, intenta levantarse. Es el rastro de la humanidad, escondida en pequeños pedazos denominados territorios, minúsculas tierras sobre la inmensidad del planeta. Revive su infancia como hombre adulto, como un caballo en un trote, y cabalga en la vastedad de los campos inventados.
Donde antes era ciudad, ahora amplia soledad de piedra sobre piedra. De los edificios que rascaban el cielo y hoy lame el suelo, surgen montañas de sombras de la historia de los pequeños apartamentos que fueron guetos. Lugar donde toda la historia se encuentra, en la pérdida de lo que se puede decir que es suyo.
Del pasado ya dudoso, el presente casi imperceptible. Sobre la magia de vestirse elegantemente, todo el día, sale de su casa inventada, como en un ritual de un cotidiano perdido. De la casa a la calle desierta. Ningún pasante. Todos, al mismo tiempo, lo observan. El público. El pasado de un malabarista solitario, salido de los circos de carruajes, de los viajes gitanos. De la música, que sólo hay en la memoria. Melodías olvidadas de los instrumentos.
Instrumentos que ya no existen. Partituras perdidas en el fuego. Existen sólo en sus recuerdos musicales.

Actor y Malabarista: Emerson Noise
Dirigida por: Carol Cony
Vestuario: Florencia Santágelo y Caro Pierro
Iluminación: Tabatta Martins
Escenario: Dodô Giovanetti y Palhassada Atelier
Música: Tomas Oliveira y Cisco